miércoles, 31 de mayo de 2017

Amores que matan: mi hija y los gatos

No se si son los dos años con sus rabietas, si se trata del descubrimiento de nuevos límites o si simplemente no identifica a los animales como seres vivos que sienten y padecen como nosotros pero nuestro problema más grave en casa ahora mismo es la relación de I con nuestros dos gatos.


Desde que nuestra hija llegó a nuestro mundo, siempre hemos sido 5 en casa: Papá, Mamá, I y dos gatos que ya eran grandes en varios sentidos cuando la pequeñaja nació. Desde que estaba embarazada, los 2 gatos (uno más que otro) me acompañaban a todas partes e incluso me salió un compañero en mis sesiones de Yoga prenatal. Al nacer la cosa continuó y el gato que me acompañaba con un ronroneo cuando yo cantaba a mi barriga, empezó a ronronear a aquella nueva adquisición que había llegado a casa cada vez que la niña lloraba.

Creo que difícilmente se me ocurriría un aliciente mejor para que I haya aprendido a moverse e incluso han compartido siestas. Siempre pensé que tener animales domésticos es beneficioso para los niños ya que les enseña a ser responsables y respetuosos y además, puede crear una bonita amistad.


La cuestión es que desde hace unas semanas, la peque de la casa parece haberse dado cuenta de que existen estos compañeros y que puede interactuar con ellos. ¿Cuál es el problema? Pues que la interacción esta siendo algo más brusca de lo que los animales desearían. No solo les tira del pelo o del rabo, también les mete el dedo en el ojo en su afán de señalar las partes del cuerpo, los agarra por el cuello cuál luchador de lucha libre o se tira encima para besarlos.

Sabemos que todo esto lo hace con todo su amor y cariño pero no parece entender que les hace daño y que puede dañarlos mucho ya que son bastante mayores y no están ya para muchos trotes. Hasta ahora la dejamos acercarse a ellos y si vemos que les empieza a hacer daño, la retiramos, le explicamos que les hace daño y consolamos al gato (esta idea me la dio una mamá y parece que va bien) pero en muchos casos vuelve a hacer lo mismo al cabo de nada.

Hace unos días opté por irme con ella a su habitación dejando a los gatos en el comedor ya que fue la única manera de parar el ataque de amor y desde entonces, parece que cuando le digo que si los trata mal, me la tendré que llevar a otro sitio, relaja un poco la presión sobre los pobres animales. Espero que esto signifique que el tema empieza a encaminarse porque si no, no se que va a ser de nosotros (y sobre todo de los miembros peludos de la familia).

¿Tenéis mascotas en casa?¿Qué tal se llevan con los peques? ¿Habéis tenido problemas así? 

5 comentarios:

  1. Y además son dos gatos mayorcetes...

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  2. No tenemos mascotas pero hemos visto esto tanto con mascotas como con otros niños pequeños, que en esas edades no son conscientes y lo mejor es evitar la situación separando si se hace imposible.

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    1. Ahí estamos aunque también nos da algo de pena ya que al final es evidente que se tienen mucho cariño.

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  3. Pues si todo va bien...este mes llegará nuestro gatin a casa!! Nosotros no teniamos mascotas y el niño lleva años pidiendo. Justo esta semana hemos adoptado uno, así que ya veremos jeje.

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