viernes, 8 de julio de 2016

La chica del bañador verde




Hoy, al echar un vistazo a mi facebook, me he encontrado con una "noticia" sobre una mujer que ha escrito una carta a una chica que se sentó a su lado en la playa junto a un grupo de amigos. Os dejo la carta para que podáis leerla aunque ya os digo que podéis encontrarla fácilmente en Internet ya que se ha hecho viral.

QUERIDA CHICA DEL BAÑADOR VERDE:
Soy la mujer que está en la toalla de al lado. La que ha venido con un niño y una niña.
Primero que nada, decirte que estoy pasando un rato muy agradable junto a ti y tu grupo de amigos, en este trocito de tiempo en el que nuestros espacios se rozan y vuestras risas, vuestra conversación ‘transcendental’ y la música de vuestro equipo me invaden el aire.
¿Sabes? He alucinado un poco al darme cuenta de que no sé en qué momento de mi vida he pasado de estar ahí a estar aquí: de ser la chica a ser “la señora de al lado”, de ser la que va con los amigos a ser la que va con los niños.
Pero no te escribo por nada de eso. Te escribo porque me gustaría decirte que me he fijado en ti. Te he visto, y no he podido evitar verte.
Te he visto ser la última en quitarte la ropa.
Te he visto ponerte detrás de todo el grupo, disimuladamente, y quitarte la camiseta cuando creías que nadie te miraba. Pero yo te vi. No te miraba, pero te vi.
Te he visto sentarte en la toalla en una cuidada postura, tapando tu vientre con los brazos.
Te he visto meterte el pelo tras la oreja agachando la cabeza para alcanzarla, quizá por no mover los brazos de su estudiadísima posición casual.
Te he visto ponerte en pie para ir a bañarte y tragar saliva nerviosa por tener que esperar así, de pie, expuesta, a tu amiga, y usar una vez más tus brazos como pareo para taparte: tus estrías, tu flaccidez, tu celulitis.
Te vi agobiada por no poder taparlo todo a la vez mientras te ibas alejando del grupo tan disimuladamente como antes lo hiciste para quitarte la camiseta.
No sé si tenía algo que ver, en tu descontento contigo misma, que la amiga a quien tú esperabas se soltaba su larguísima melena sobre una espalda a la que sólo le faltaban unas alas de Victoria’s Secret. Y mientras tanto tú ahí, mirando al suelo. Buscando un escondite en ti misma, de ti misma.
Y me gustaría poder decirte tantas cosas, querida chica del bañador verde… Puede que porque yo, antes de ser la mujer que viene con los niños, he estado ahí, en tu toalla.
Me gustaría poder decirte que, en realidad, he estado en tu toalla y en la de tu amiga. He sido tú y he sido ella. Y ahora no soy ninguna de las dos –o acaso soy ambas aún- así que, si pudiera dar marcha atrás,elegiría simplemente disfrutar en lugar de preocuparme -o vanagloriarme- por cosas como en cuál de las dos toallas, la suya o la tuya, prefiero estar.
Quisiera poder decirte que he visto que llevas un libro en tu bolsa, y que cualquier vientre que ahora tenga tus dieciséis años perderá, probablemente, su tersura mucho antes de que tú pierdas la cabeza.
Me gustaría poder decirte que tienes una preciosa sonrisa, y que es una pena que estés tan ocupada en ocultarte que no te quede tiempo para sonreír más.
Me gustaría poder decirte que ese cuerpo del que pareces avergonzarte es bello sólo por ser joven. ¡Qué coño! Es bello sólo por estar vivo. Por ser envoltorio y transporte de quien en realidad eres y poder acompañarte en cuanto haces.
Me encantaría decirte que ojalá te vieras con los ojos de una mujer de treinta y pico porque quizás entonces te darías cuenta de lo mucho que mereces ser querida, incluso por ti misma.
Me gustaría poder decirte que la persona que algún día te quiera de verdad no amará a la persona que eres a pesar de tu cuerpo, sino que adorará tu cuerpo: cada curva, cada hoyito, cada línea, cada lunar. Adorará el mapa, único y precioso, que dibuja tu cuerpo y, si no lo hace, si no te ama así, entonces no merece que le ames.
Me gustaría poder decirte que –créeme, créeme, créeme- eres perfecta como eres: sublime en tu imperfección.
Pero, ¿qué te voy a decir yo, si sólo soy la mujer de al lado?
Aunque, ¿sabes qué? Que he venido con mi hija. Es la del bañador rosa, la que juega en el río y se está untando en arena. Hoy sólo le ha preocupado si el agua estaría muy fría.
A ti no te puedo decir nada, querida chica del bañador verde…
Pero todo, TODO, se lo voy a decir a ella.
Y todo, TODO, se lo diré a mi hijo también.
Porque así es como todos merecemos ser queridos.
Y así es como todos deberíamos querer".

La carta no necesita grandes explicaciones pero me ha hecho pensar en el deber que tenemos con nuestros hijos porque todos queremos que nuestros hijos sean felices pero hay cosas que se nos escapan (o eso parece). Hemos de enseñar a nuestras hijas que no tienen porque vivir acomplejadas, que cada cuerpo es distinto y que todos tienen su propia belleza. Hablo de nuestras hijas porque creo que las mujeres tenemos una especial tendencia a juzgarnos físicamente y pensar en que los demás también lo hacen de forma continua.

Mientras leía la carta además, me hizo recordar un episodio vivido hace unos meses con una de mis alumnas. Esta chica (18-19 años) me preguntó qué pasaría si después de un embarazo (yo ya había tenido a mi hija), su pareja dejaba de querer estar con ella porque no recuperaba su figura. La respuesta salió de mi boca sin ni siquiera pensarla: entonces, es que esa persona no merece la pena.

Creo que realmente nos han enseñado que si no tenemos un cuerpo perfecto, no podemos aspirar a que nos quieran de verdad porque claro, al parecer, el físico es lo único que cuenta. Después del embarazo, nosotras misma nos forzamos a recuperar nuestro peso y si no es así (porque nosotras estamos agotadas y nos da igual nuestra pinta en ese momento), no os preocupéis porque siempre habrá alguien que nos diga de forma más o menos diplomática que deberíamos rebajar los kilos que nos sobran. Iré incluso más lejos, debido a un diagnóstico de diabetes gestacional y a lo que esto implicó para mi ánimo durante los últimos meses de embarazo, un par de meses después de tener a mi hija, estaba más delgada que antes de quedarme embarazada. Recibí muchos alagos por esta razón (creo que se me ocurren razones mejores pero bueno) pero también recibí críticas, gente que me decía que tenia que comer más (creo que no he comido más en mi vida porque a todas horas tenia hambre) y que estaba muy delgada.

Lo que quiero decir con esto es que parece que nunca estamos contentas y que personalmente preferiría enseñar a mi hija que su valor no lo va ha dictar nunca una báscula. Por supuesto, ha de aprender a comer sano y ha de hacer ejercicio pero por un tema de salud y no de físico. Y creo que soy yo la primera que ha de dar ejemplo para que esto ocurra. Soy yo la que ha de enseñarle a mi hija que no pasa nada por tener estrías (que las tengo aunque no sean del embarazo), por tener celulitis, porque mis caderas sean anchas y que debido a esto use dos tallas más de pantalón que de falda.

Esto es lo que está en mi mano y también en la de todas las mamas pero la cosa no acaba ahí, también los papas pueden hacer mucho. Enseñad a vuestras hijas lo que es el amor, que no va sujeto a un físico. Enseñad a vuestras hijas lo mucho que queréis a vuestras parejas aunque tengan unos kilos de más, que le cuelguen los pechos, que tenga estrías,...

Enseñemos a los niños que han de apreciar a sus compañeras sin darle más importancia al físico que ha otras características y enseñemosles a ellos también a tener autoestima. Hagamos que nuestros hijos e hijas tengan algo menos de lo que preocuparse cuando lleguen a la adolescencia (las hormonas y la búsqueda de la identidad creo que son preocupaciones más que suficientes) e intentemos que puedan vivir un poco más felices su vida.

Quizá es la visión de la mujer de la toalla de al lado con hijos y que ve las cosas desde otra perspectiva pero yo también fui adolescente y se que puede significar un mundo el pasar desapercibida pero por suerte, la vida no acaba en la adolescencia y lo que viene después esta muy bien ;)

¿Vosotr@s habéis vivido alguna experiencia que os haya hecho pensar en esto? ¿Qué cosas intentáis hacer para que vuestros hij@s vivan sin tantos complejos?











Si os gusta el post y tenéis ganas de escribir un poco, estaré encantada de leer vuestros comentarios para saber vuestra opinión y prometo contestar en cuanto pueda (suelo ser bastante rápida).

5 comentarios:

  1. Yo no he cambiado apenas con los tres embarazos, todos dicen "uy tu has tenido tres??".

    Pero con los años va cambiando el cuerpo, tengamos obesidad o no, comamos bien o no, y de las estrías pocas se libran. O es por el embarazo o por adelgazar con dieta o de forma natural pero algo sale.

    Nos ponen siempre en los anuncios a mujeres que nunca han tenido hijos o que están en constantes operaciones para arreglar su cuerpo y al mirarnos nos creemos lo más feo del mundo pero nosotras quedamos como quedaría cualquiera y con operaciones todas estamos maravillosas, claro.

    Si alguien te deja porque cambia tu cuerpo desde luego que no vale para nada. Siempre la persona sigue siendo la misma. Y él puede que le ocurra cualquier cosa y su cuerpo cambie, ¿le gustaría que le dejaran por eso?

    Lo más cómodo a veces es el bañador y pasar de la gente porque no hay que hechar cuentas a nadie, todos tenemos defectos.

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    1. Totalmente de acuerdo, el cuerpo cambia con el tiempo y no hay más. Nuestros referentes no pueden ser mujeres que se dedican a su cuerpo casi al completo porque es su manera de ganarse la vida.

      También hay muchos hombres que cambian y engordan durante el embarazo pero lo cierto es que si tu pareja te quiere y desea tener un hijo, despues de dar a luz, te conviertes en la mujer perfecta que le ha dado el milagro de la vida.

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  2. El embarazo, el sube y baja de peso, los años.... Todo eso hace que nuestro cuerpo cambie, nosotras debemos querernos tal y como somos debemos amar a nuestro cuerpo y así transmitir a nuestros hijos. Pero he visto muchas mamás acomplejadas y he escuchado a niñas de seis años repitiendo lo que dice la mamá: estoy gorda o algo similar Cuando un niño a esa edad no debe preocuparse por ese tema y me ha encantado la reflexión.

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    1. Al trabajar con niños, las he visto de muchos colores y al leer tu comentario, he recordado el caso de una madre que me preguntaba si conocía a algún nutricionista para su hija de 7 años porque. "come por ansiedad y ya no se qué hacer con ella que mira como se está poniendo". La pobre criatura agachaba la cabeza simulando no oír a su madre pero, sinceramente, ¿Cómo va a llegar esa niña a la adolescencia si desde los 7 años le estas diciendo que es gorda?

      Muchas gracias por tu comentario, siempre es interesante conocer vuestras reflexiones :)

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    2. El comentario aparecía duplicado, por eso he eliminado el otro. Gracias de nuevo.

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